El tema de nuestro tiempo
El tema de nuestro tiempo De suerte que el error es un pecado de la voluntad, no un azar, y aun tal vez un sino de la inteligencia. Si no fuera por los pecados de la voluntad, ya el primer hombre habrÃa descubierto todas las verdades que le son asequibles; no habrÃa habido, por tanto, variedad de opiniones, de leyes, de costumbres; en suma, no habrÃa habido historia. Pero como la ha habido, no tenemos más remedio que atribuirla al pecado. La historia serÃa sustancialmente la historia de los errores humanos. No cabe actitud más antihistórica, más antivital. Historia y vida quedan lastradas con un sentido negativo y saben a crimen.
El caso de Descartes es un ejemplo excepcional de lo que antes he dicho sobre la posible previsión del porvenir. También sus contemporáneos no vieron, por lo pronto, en su obra, sino una innovación de interés puramente cientÃfico. Descartes proponÃa la sustitución de unas doctrinas fÃsicas y filosóficas por otras, y se preocuparon tan sólo de decidir si estas nuevas doctrinas eran ciertas o erróneas. Lo propio nos acontece hoy con las teorÃas de Einstein. Pero si, abandonando un momento esa preocupación y dejando en suspenso la sentencia sobre la verdad o falsedad de los pensamientos cartesianos, se los hubiese mirado simplemente como sÃntoma inicial de una nueva sensibilidad, como manifestación germinativa de tiempo nuevo, se habrÃa podido descubrir en ellos la silueta del futuro.