El tema de nuestro tiempo
El tema de nuestro tiempo Este doble carácter que hallamos en los fenómenos intelectuales y voluntarios se encuentra con pareja evidencia en el sentimiento estético o en la emoción religiosa. Es decir, que existe toda una serie de fenómenos vitales dotados de doble dinamicidad, de un extraño dualismo. Por una parte son producto espontáneo del sujeto viviente y tienen su causa y su régimen dentro del individuo orgánico; por otra, llevan en sà mismos la necesidad de someterse a un régimen o ley objetivos. Y ambas instancias —nótese bien— se necesitan mutuamente. No puedo pensar con utilidad para mis fines biológicos, si no pienso la verdad. Un pensamiento que normalmente nos presentase un mundo divergente del verdadero, nos llevarÃa a constantes errores prácticos, y, en consecuencia, la vida humana habrÃa desaparecido. En la función intelectual, pues, no logro acomodarme a mÃ, serme útil, si no me acomodo a lo que no soy yo, a las cosas en torno mÃo, al mundo transorgánico, a lo que trasciende de mÃ. Pero también viceversa: la verdad no existe si no la piensa el sujeto, si no nace en nuestro ser orgánico el acto mental con su faceta ineludible de convicción Ãntima. Para ser verdadero el pensamiento, necesita coincidir con las cosas, con lo trascendente de mÃ; mas, al propio tiempo, para que ese pensamiento exista, tengo yo que pensarlo, tengo que adherir a su verdad, alojarlo Ãntimamente en mi vida, hacerlo inmanente al pequeño orbe biológico que yo soy.