España invertebrada
España invertebrada Los núcleos étnicos incorporados, antes de su incorporación, existÃan ya como todos independientes. Las clases y los grupos profesionales, en cambio, nacen, desde luego, como partes. Aquellos, mejor o peor, pueden volver a vivir solitarios y por sÃ; pero éstos y aparte cada uno, no podrÃan subsistir. ¡Hasta tal punto les es esencial ser partes y sólo partes de una estructura que los envuelve y lleva! El industrial necesita del productor de primeras materias, del comprador de sus productos, del gobernante que pone un orden en el tráfico, del militar que defiende ese orden. A su vez, el mundo militar, de los defensores —decÃa don Juan Manuel—, necesita del industrial, del agrÃcola, del técnico.
Habrá, por tanto, salud nacional en la medida que cada una de estas clases y gremios tenga viva conciencia de que es ella meramente un trozo inseparable, un miembro del cuerpo público. Todo oficio u ocupación continuada arrastra consigo un principio de inercia que induce al profesional a irse encerrando cada vez más en el reducido horizonte de sus preocupaciones y hábitos gremiales. Abandonado a su propia inclinación, el grupo acabará por perder toda sensibilidad para la interdependencia social, toda noción de sus propios lÃmites y aquella disciplina que mutuamente se imponen los gremios al ejercer presión los unos sobre los otros y sentirse vivir juntos.