España invertebrada
España invertebrada Las épocas de decadencia son las épocas en que la minorÃa directora de un pueblo —la aristocracia— ha perdido sus cualidades de excelencia, aquellas precisamente que ocasionaron su elevación. Contra esa aristocracia ineficaz y corrompida se rebela la masa justamente. Pero, confundiendo las cosas, generaliza las objeciones que aquella determinada aristocracia inspira, y en vez de sustituirla con otra más virtuosa, tiende a eliminar todo intento aristocrático. Se llega a creer que es posible la existencia social sin minorÃa excelente; más aún: se construyen teorÃas polÃticas e históricas que presentan como ideal una sociedad exenta de aristocracia. Como esto es positivamente imposible, la nación prosigue aceleradamente su trayectoria de decadencia. Cada dÃa están las cosas peor. Las masas de los distintos grupos sociales —un dÃa, la burguesÃa; otro, la milicia; otro, el proletariado— ensayan vanas panaceas de buen gobierno que en su simplicidad mental imaginaban poseer. A fin, el fracaso de sà mismas; experimentado al actuar, alumbra en sus cabezas, como un descubrimiento, la sospecha de que las cosas son más complicadas de lo que ellas suponÃan y, consecuentemente, que no son ellas las llamadas a regirlas. Paralelamente a este fracaso polÃtico padecen en su vida privada los resultados de la desorganización. La seguridad pública peligra; la economÃa privada se debilita; todo se vuelve angustioso y desesperante; no hay donde tornar la mirada que busca socorro. Cuando la sensibilidad colectiva llega a esta sazón, suele iniciarse una nueva época histórica. El dolor y el fracaso crean en las masas una nueva actitud de sincera humildad, que les hace volver la espalda a todas aquellas ilusiones y teorÃas antiaristocráticas. Cesa el rencor contra la minorÃa eminente. SE reconoce la necesidad de su intervención especÃfica en la convivencia social. De esta suerte, aquel ciclo histórico se cierra y vuelve a abrirse otro. Comienza un perÃodo en que se va a formar una nueva aristocracia.