La rebelión de las masas
La rebelión de las masas Pero aun esa buena voluntad fracasará. Porque la textura radical de su alma está hecha de hermetismo e indocilidad, porque les falta, de nacimiento, la función de atender a lo que está más allá de ellas, sean hechos, sean personas. Querrán seguir a alguien, y no podrán. Querrán oÃr, y descubrirán que son sordas.
Por otra parte, es ilusorio pensar que el hombre medio vigente, por mucho que haya ascendido su nivel vital en comparación con el de otros tiempos, va a poder regir por sà mismo el proceso de la civilización. Digo proceso, no ya progreso. El simple proceso de mantener la civilización actual es superlativamente complejo y requiere sutilezas incalculables. Mal puede gobernarlo este hombre medio que ha aprendido a usar muchos aparatos de civilización, pero que se caracteriza por ignorar de raÃz los principios mismos de la civilización.
Reitero al lector que, paciente, haya leÃdo hasta aquÃ, la conveniencia de no entender todos estos enunciados atribuyéndoles desde luego un significado polÃtico. La actividad polÃtica, que es de toda la vida pública la más eficiente y la más visible, es, en cambio, la postrera, resultante de otras más Ãntimas e impalpables. AsÃ, la indocilidad polÃtica no serÃa grave si no proviniese de una más honda y decisiva indocilidad intelectual y moral. Por eso, mientras no hayamos analizado ésta, faltará la última claridad al teorema de este ensayo.