La rebelión de las masas
La rebelión de las masas Cuando la masa actúa por sà misma, lo hace sólo de una manera, porque no tiene otra: lincha. No es completamente casual que la ley de Lynch sea americana, ya que América es, en cierto modo, el paraÃso de las masas. Ni mucho menos podrá extrañar que ahora, cuando las masas triunfan, triunfe la violencia y se haga de ella la única ratio, la única doctrina. Va para mucho tiempo que hacÃa yo notar este progreso de la violencia como norma.[43] Hoy ha llegado a un máximo desarrollo, y esto es un buen sÃntoma, porque significa que automáticamente va a iniciarse un descenso. Hoy es ya la violencia la retórica del tiempo; los retóricos, los inanes, la hacen suya. Cuando una realidad humana ha cumplido su historia, ha naufragado y ha muerto, las olas la escupen en las costas de la retórica, donde, cadáver, pervive largamente. La retórica es el cementerio de las realidades humanas, cuando más, su hospital de inválidos. A la realidad sobrevive su nombre, que, aun siendo sólo palabra, es, al fin y al cabo, nada menos que palabra, y conserva siempre algo de su poder mágico.
Pero aun cuando no sea imposible que haya comenzado a menguar el prestigio de la violencia como norma cÃnicamente establecida, continuaremos bajo su régimen; bien que en otra forma.