La rebelión de las masas
La rebelión de las masas El proceso creador de naciones ha llevado siempre en Europa este ritmo: Primer momento. El peculiar instinto occidental, que hace sentir el Estado como fusión de varios pueblos en una unidad de convivencia polÃtica y moral, comienza a actuar sobre los grupos más próximos geográfica, étnica y lingüÃsticamente. No porque esta proximidad funde la nación, sino porque la diversidad entre próximos es más fácil de dominar. Segundo momento. PerÃodo de consolidación, en que se siente a los otros pueblos más allá del nuevo Estado como extraños y más o menos enemigos. Es el perÃodo en que el proceso nacional toma un aspecto de exclusivismo, de cerrarse hacia dentro del Estado; en suma, lo que hoy llamamos nacionalismo. Pero el hecho es que mientras se siente polÃticamente a los otros como extraños y contrincantes, se convive económica, intelectual y moralmente con ellos. Las guerras nacionalistas sirven para nivelar las diferencias de técnica y de espÃritu. Los enemigos habituales se van haciendo históricamente homogéneos.[64] Poco a poco se va destacando en el horizonte la conciencia de que esos pueblos enemigos pertenecen al mismo cÃrculo humano que el Estado nuestro. No obstante, se les sigue considerando como extraños y hostiles. Tercer momento. El Estado goza de plena consolidación. Entonces surge la nueva empresa: unirse a los pueblos que hasta ayer eran sus enemigos. Crece la convicción de que son afines con el nuestro en moral e intereses, y que juntos formamos un cÃrculo nacional frente a otros grupos más distantes y aún más extranjeros. He aquà madura la nueva idea nacional.