La rebelión de las masas
La rebelión de las masas Los componentes de esas muchedumbres no han surgido de la nada. Aproximadamente, el mismo número de personas existÃa hace quince años. Después de la guerra parecerÃa natural que ese número fuese menor. Aquà topamos, sin embargo, con la primera nota importante. Los individuos que integran estas muchedumbres preexistÃan, pero no como muchedumbre. Repartidos por el mundo en pequeños grupos, o solitarios, llevaban una vida, por lo visto, divergente, disociada, distante. Cada cual —individuo o pequeño grupo— ocupaba un sitio, tal vez el suyo, en el campo, en la aldea, en la villa, en el barrio de la gran ciudad.
Ahora, de pronto, aparecen bajo la especie de aglomeración, y nuestros ojos ven dondequiera muchedumbres. ¿Dondequiera? No, no; precisamente en los lugares mejores, creación relativamente refinada de la cultura humana, reservados antes a grupos menores, en definitiva, a minorÃas.
La muchedumbre, de pronto, se ha hecho visible, se ha instalado en los lugares preferentes de la sociedad. Antes, si existÃa, pasaba inadvertida, ocupaba el fondo del escenario social; ahora se ha adelantado a las baterÃas, es ella el personaje principal. Ya no hay protagonistas: sólo hay coro.