La rebelión de las masas
La rebelión de las masas Y no sólo las técnicas materiales, sino, lo que es más importante, las técnicas jurÃdicas y sociales. En el siglo XVIII ciertas minorÃas descubrieron que todo individuo humano, por el mero hecho de nacer, y sin necesidad de calificación especial alguna, poseÃa ciertos derechos polÃticos fundamentales, los llamados derechos del hombre y del ciudadano, y que, en rigor, estos derechos comunes a todos son los únicos existentes. Todo otro derecho afecto a dotes especiales quedaba condenado como privilegio. Fue esto, primero, un puro teorema e idea de unos pocos; luego, esos pocos comenzaron a usar prácticamente de esa idea, a imponerla y reclamarla: las minorÃas mejores. Sin embargo, durante todo el siglo XIX, la masa, que iba entusiasmándose con la idea de esos derechos como con un ideal, no los sentÃa en sÃ, no los ejercitaba ni hacÃa valer, sino que, de hecho, bajo las legislaciones democráticas, seguÃa viviendo, seguÃa sintiéndose a sà misma como en el antiguo régimen. El «pueblo» —según entonces se le llamaba— sabÃa ya que era soberano; pero no lo creÃa. Hoy aquel ideal se ha convertido en una realidad, no ya en las legislaciones, que son esquemas externos de la vida pública, sino en el corazón de todo individuo, cualesquiera que sean sus ideas, inclusive cuando sus ideas son reaccionarias; es decir, inclusive cuando machaca y tritura las instituciones donde aquellos derechos se sancionan. A mi juicio, quien no entiende esta curiosa situación moral de las masas no puede explicarse nada de lo que hoy comienza a acontecer en el mundo. La soberanÃa del individuo no cualificado, del individuo humano genérico y como tal, ha pasado, de idea o ideal jurÃdico que era, a ser un estado psicológico constitutivo del hombre medio. Y nótese bien: cuando algo que fue ideal se hace ingrediente de la realidad, inexorablemente deja de ser ideal. El prestigio y la magia autorizante, que son atributos del ideal, que son su efecto sobre el hombre, se volatilizan. Los derechos niveladores de la generosa inspiración democrática se han convertido, de aspiraciones e ideales, en apetitos y supuestos inconscientes.