La rebelión de las masas
La rebelión de las masas La decadencia es, claro está, un concepto comparativo. Se decae de un estado superior hacia un estado inferior. Ahora bien: esa comparación puede hacerse desde los puntos de vista más diferentes y varios que quepa imaginar. Para un fabricante de boquillas de ámbar, el mundo está en decadencia porque ya no se fuma apenas con boquillas de ámbar. Otros puntos de vista serán más respetables que éste, pero, en rigor, no dejan de ser parciales, arbitrarios y externos a la vida misma cuyos quilates se trata precisamente de evaluar. No hay más que un punto de vista justificado y natural: instalarse en esa vida, contemplarla desde dentro y ver si ella se siente a sà misma decaÃda, es decir, menguada, debilitada e insÃpida.
Pero aun mirada por dentro de sà misma, ¿cómo se conoce que una vida se siente o no decaer? Para mi no cabe duda respecto al sÃntoma decisivo: una vida que no prefiere otra ninguna de antes, de ningún antes, por lo tanto, que se prefiere a sà misma, no puede en ningún sentido serio llamarse decadente. A esto venÃa toda mi excursión sobre el problema de la altitud de los tiempos. Pues acaece que precisamente el nuestro goza en este punto de una sensación extrañÃsima; que yo sepa, única hasta ahora en la historia conocida.