La rebelión de las masas
La rebelión de las masas La «nobleza» no aparece como término formal hasta el Imperio romano, y precisamente para oponerlo a la nobleza hereditaria, ya en decadencia.
Para mÃ, nobleza es sinónimo de vida esforzada, puesta siempre a superarse a sà misma, a trascender de lo que ya es hacia lo que se propone como deber y exigencia. De esta manera, la vida noble queda contrapuesta a la vida vulgar o inerte, que, estáticamente, se recluye en sà misma, condenada a perpetua inmanencia, como una fuerza exterior no la obligue a salir de sÃ. De aquà que llamemos masa a este modo de ser hombre, no tanto porque sea multitudinario, cuanto porque es inerte.
Conforme se avanza por la existencia, va uno hartándose de advertir que la mayor parte de los hombres —y de las mujeres— son incapaces de otro esfuerzo que el estrictamente impuesto como reacción a una necesidad externa. Por lo mismo, quedan más aislados y como monumentalizados en nuestra experiencia los poquÃsimos seres que hemos conocido capaces de un esfuerzo espontáneo y lujoso. Son los hombres selectos, los nobles, los únicos activos, y no sólo reactivos, para quienes vivir es una perpetua tensión, un incesante entrenamiento. Entrenamiento = askesis. Son los ascetas.[21]