Meditaciones del Quijote
Meditaciones del Quijote La obra de arte no tiene menos que las restantes formas del espÃritu, esta misión esclarecedora, si se quiere luciferina. Un estilo artÃstico que no contenga la clave de la interpretación de sà mismo, que consista en una mera reacción de una parte de la vida —el corazón individual— al resto de ella producirá solo valores equÃvocos. Hay en los grandes estilos como un ambiente estelar o de alta sierra en que la vida se refracta vencida y superada, transida de claridad. El artista no se ha limitado a dar versos como flores en marzo el almendro; se ha levantado sobre sà mismo, sobre su espontaneidad vital; se ha cernido en majestuosos giros aguileños sobre su propio corazón y la existencia en derredor. Al través de sus ritmos, de sus armonÃas de color y de lÃnea, de sus percepciones y sus sentimientos descubrimos en él un fuerte poder de reflexión, de meditación. Bajo las formas más diversas, todo grande estilo encierra un fulgor de mediodÃa y es serenidad vertida sobre las borrascas.