Meditaciones del Quijote
Meditaciones del Quijote Se trata de una ilusión dorada que nos anda por dentro y con la cual queremos consolarnos —franceses, italianos y españoles—, en las horas de menoscabo. Tenemos la debilidad de creernos hijos de los dioses; el latinismo es un acueducto genealógico que tenemos entre nuestras venas y los riñones de Zeus. Nuestra latinidad es un pretexto y una hipocresÃa; Roma, en el fondo, nos trae sin cuidado. Las siete colinas son las localidades más cómodas que podemos tomar para descubrir a lo lejos el glorioso esplendor puesto sobre el mar Egeo, el centro de las divinas irradiaciones: Grecia. Esta es nuestra ilusión: nos creemos herederos del espÃritu helénico.
Hasta hace cincuenta años solÃa hablarse indistintamente de Grecia y Roma como de los dos pueblos clásicos. De entonces acá la filologÃa ha caminado mucho: ha aprendido a separar delicadamente lo puro y esencial de las imitaciones y mezclas bárbaras.
Cada dÃa que pasa afirma Grecia más enérgicamente su posición hors ligne en la historia del mundo. Este privilegio se apoya en tÃtulos perfectamente concretos y definidos: Grecia ha inventado los temas sustanciales de la cultura europea y la cultura europea es el protagonista de la historia, mientras no exista otra superior.