Mision del bibliotecario
Mision del bibliotecario Aquà nos es preciso caminar más despacio. He dicho que la figura de vida y el tipo de humano quehacer que es ser bibliotecario preexistÃa a cada uno de vosotros y os bastaba mirar en torno para hallarlo informando la existencia de muchos hombres y mujeres. Pero esto no ha acaecido siempre. Ha habido muchas épocas en que no habÃa bibliotecarios, aunque habÃa ya libros —no hablemos de aquellas mucho más largas en que no habÃa bibliotecarios porque ni siquiera habÃa libros—. ¿Quiere esto decir que en esas épocas en que no habÃa bibliotecarios, aunque habÃa ya libros, no existiesen algunos hombres que se ocupaban con los libros en forma bastante parecida a lo que constituye hoy vuestro oficio? Sin duda, sin duda: habÃa algún hombre que no se contentaba, como los demás, con leer los libros, sino que los coleccionaba y ordenaba y catalogaba y cuidaba. Mas si hubieseis nacido en aquel tiempo, por mucho que miraseis en vuestro derredor no hubieseis reconocido en el hacer de ese hombre lo que hoy llamamos un bibliotecario, sino que su conducta os habrÃa parecido lo que, en efecto, era: una peculiaridad individual, un comportamiento personalÃsimo, una afición adscrita intransferiblemente a aquel hombre como el timbre de su voz y la melodÃa de sus gestos. La prueba de ello es que al morir ese hombre, su ocupación morÃa con él, no proseguÃa en pie más allá de la vida individual que la ejercitó.