Homenaje a Cataluña
Homenaje a Cataluña Durante todo ese tiempo yo me encontraba en los Cuarteles Lenin con el objetivo, según manifestaban, de recibir una preparación militar. Al unirme a la milicia, me informaron de que sería enviado al frente al día siguiente, pero, en realidad, tuve que esperar hasta que una nueva centuria* estuviera lista. Las milicias de trabajadores, apresuradamente reclutadas entre los sindicatos al comienzo de la guerra, aún no habían sido organizadas sobre una base militar común. Las unidades de comando eran la «sección», compuesta por unos treinta hombres, la «centuria»*, por alrededor de cien, y la «columna» que, en la práctica, significaba cualquier número grande de milicianos. Los cuarteles eran un conjunto de espléndidos edificios de piedra, con una escuela de equitación y enormes patios adoquinados; habían sido cuarteles de caballería y fueron tomados durante las luchas de julio. Mi centuria* dormía en uno de los establos, junto a los pesebres, donde aún estaban inscritos los nombres de los corceles militares. Todos los caballos habían sido enviados al frente, pero el lugar todavía olía a orín y avena podrida. Estuve en los cuarteles alrededor de una semana. Lo que más recuerdo es el olor a caballo, los temblorosos toques de corneta (nuestros cornetistas eran aficionados y no aprendí los toques españoles hasta que los escuché desde fuera de las líneas fascistas), el sonido de las botas claveteadas en el patio, los largos desfiles matutinos bajo el sol invernal y los locos partidos de fútbol, con cincuenta jugadores por cada equipo, sobre la grava de la escuela de equitación. Éramos unos mil hombres y una veintena de mujeres, aparte de las esposas de milicianos que se encargaban de cocinar. Todavía quedaban algunas milicianas, pero no muchas. En las primeras batallas pareció natural que lucharan junto a los hombres; siempre sucede eso en tiempos de revolución. Pero las ideas ya habían empezado a cambiar. A los milicianos les estaba prohibido acercarse a la escuela de equitación mientras las mujeres se ejercitaban, porque se reían y burlaban de ellas. Pocos meses antes nadie hubiera encontrado nada cómico en una mujer con un fusil en la mano.