La hija del clerigo
La hija del clerigo Apenas pasaron unas pocas semanas antes de que los padres empezaran a poner objeciones al plan de estudios de Dorothy. Las discusiones con los padres forman parte de la rutina de cualquier colegio privado. A los maestros, los padres siempre les parecen unos pesados, y los padres de los niños de una escuela de cuarta categoría son sencillamente insoportables. Por un lado, tienen una remotísima idea de lo que significa la educación, por el otro consideran los «gastos de escolarización» exactamente igual que la cuenta del carnicero o del verdulero y se pasan la vida sospechando que les están engañando. Acosan al maestro con notas mal escritas en las que formulan peticiones de lo más insólito y hacen que se las entreguen en mano sus propias hijas, que las leen camino de la escuela. Transcurridos los primeros quince días Mabel Briggs, una de las niñas más avanzadas, entregó a Dorothy la siguiente nota:
QUERIDA SEÑORITA: ¿Le importaría enseñarle a Mabel un poco más de aritmética? Creo que lo que le está enseñando no es lo bastante práctico. Tanto mapa y demás. Lo que necesita aprender son cosas prácticas y no esas tonterías. Así que más aritmética por favor.
Suyo atentísimo,
GEO. BRIGGS