Subir a por aire
Subir a por aire El mundo que recordé por unos momentos cuando vi el nombre del rey Zog era tan diferente de éste en que vivo ahora que les resultará difícil creer que viví en él alguna vez.
Supongo que a estas alturas ya se han hecho una idea de mi persona —un tipo de mediana edad, grueso, con dentadura postiza y cara colorada— e inconscientemente piensan que he sido siempre el mismo desde que estaba en la cuna. Pero cuarenta y cinco años son mucho tiempo, y aunque muchas personas no cambian ni evolucionan, otras sí lo hacen. Yo he cambiado mucho, y he tenido mis temporadas buenas y malas, más buenas que malas. Puede parecer extraño, pero mi padre, seguramente, estaría orgulloso de mí si pudiese verme ahora. Pensaría que es estupendo que un hijo suyo sea dueño de un coche y viva en una casa con cuarto de baño. Actualmente, vivo un poco por encima de la clase social de la que procedo, y en algunos momentos he alcanzado niveles que nunca hubiésemos soñado en aquellos lejanos días de antes de la guerra.
