Indigno de ser humano
Indigno de ser humano Por un tiempo, juegan a ser felices. Un pequeño departamento, la ilusión de estabilidad. Yozo intenta dejar la morfina, intenta trabajar, intenta ser lo que nunca ha sido. Pero la sombra dentro de él es más fuerte. No se puede borrar una vida de engaños con un simple deseo.
La destrucción llega rápido. Una tarde, un desconocido arrastra a Yoshiko a un callejón. La inocencia que tanto protegía se rompe en un instante. Y Yozo, viéndola temblar en el suelo, siente que el poco mundo que había construido se hace pedazos.
Ella llora. Él bebe. Y cuando la mira, ya no ve la luz que alguna vez creyó encontrar.
Entonces lo sabe: no hay redención.
No para él.
El amanecer se filtra por la ventana sucia del cuarto donde Yozo yace, con la mirada perdida en el techo. Yoshiko duerme a su lado, pero no es la misma. Desde aquella noche, se ha vuelto silenciosa, distante, un reflejo quebrado de la mujer que alguna vez creyó en él.
Yozo lo arruinó todo. Como siempre.
Bebe. Se inyecta. Se pierde en el delirio de la morfina, flotando entre la lucidez y la locura. Al principio, es solo una vía de escape. Pero pronto se convierte en necesidad. En dependencia.
