Cartas de las heroinas - Ibis
Cartas de las heroinas - Ibis Yo, Filis de Ródope, que te acogí en mi casa, contigo me querello[50], Demofonte, porque sigues ausente más allá del tiempo pactado. Prometiste tu ancla a mis costas para la primera vez que los cuernos de la luna se hubieran juntado 5 en plenilunio. Pero la luna se ha escondido cuatro veces, y cuatro veces ha vuelto a completar toda su esfera, y las naves acteas no vienen todavía a grupas de las aguas de Sitonia. Si cuentas el tiempo, como bien lo contamos los enamorados, mi reproche no llega antes de su día. Mi esperanza 10 también fue morosa[51]. Se tarda en creer lo que duele creer. Ahora que soy amante sin quererlo, me hace daño[52]. Por ti me he engañado a mí misma muchas veces, muchas veces he pensado que vientos tempestuosos hacían recular tus blancas velas. Maldecía a Teseo, como si fuese él quien no te dejaba salir; y puede que él no te haya impedido nunca que te 15 vayas. Algunas veces he temido que hubieras naufragado al dirigirte a los vados del Hebro y que tu barco se hubiera hundido en las aguas canas[53]. Muchas veces he suplicado a los dioses que como fuera te salvaras, impostor, y entre oraciones he cumplido las ceremonias de la quema de incienso; y viendo vientos favorables para el cielo y para el 20 mar me he dicho a mí misma: «Si está a salvo, ya viene». Y, en fin, que mi fiel amor[54] se ha imaginado todos los impedimentos que pueden retrasar a los que van con prisa, y he sido muy ingeniosa para encontrar causas. Pero tú, insensible, tardas en volver[55], y los dioses por los que juramos[56] no te hacen regresar, ni tampoco vuelves movido por mi amor. Oh, Demofonte, al viento has echado tus velas y tus promesas; les reprocho a tus velas que no vuelvan, y a tus promesas 25 que no sean verdaderas.
