Cartas de las heroinas - Ibis
Cartas de las heroinas - Ibis ¡Ay de mí si te preguntas quién es la Filis que remite, y desde dónde[67], después que fui yo, oh, Demofonte, la que te abrió estos puertos de Tracia y las puertas de mi casa, después de que tanto tiempo vagaste sin rumbo, la que con mis 110 riquezas aumenté las tuyas, la rica heredera que cuando eras pobre te di tantos regalos, y más que te hubiera dado, la que sometió a ti los inmensos reinos de Licurgo[68] (a los que tan mal cuadra ser gobernados por una mujer), desde donde se extiende el helado Ródope hasta el sombrío Hemo, y el sagrado 115 Hebro echa las aguas que ha recibido, a ti, que[69] has sacrificado las primicias de mi virginidad bajo siniestros auspicios, cuya mano sin escrúpulos desató el ceñidor de mi castidad! Tisífone presidió ese desposorio con fúnebres aullidos, y un pájaro avieso entonó un canto de mal agüero. 120 No faltó Alecto, con su collar de cortas serpientes[70], y las luces que encendieron eran de una antorcha sepulcral[71].