El arte de amar
El arte de amar Aquel que piensa que sólo han de tener en cuenta el tiempo quienes cultivan los trabajosos campos, y los marineros, 400se equivoca. No siempre se debe confiar Ceres a los engañosos campos ni siempre la cóncava nave a las verdosas aguas, ni tampoco siempre está libre de riesgos la conquista de jóvenes hermosas: las más de las veces resultará mejor dicha empresa si se hace en fechas fijas[55]. Si se presenta la ocasión de su cumpleaños o las Calendas en que nos complacemos porque Venus 405ha sucedido a Marte[56], o si el Circo está ya adornado, no como lo estuvo antes, con figurillas de barro, sino que tiene expuestas riquezas propias de reyes[57], aplaza tu intentó: entonces el aciago invierno y las Pléyades[58] se apro410ximan; entonces el Cabrito[59] se sumerge en la corriente oceánica; entonces es tiempo de hacer un descanso; entonces, si alguien se confió a alta mar, apenas logró salvar los restos naufragados de su nave hecha trizas. Puedes comenzar el día aquel en que el Alia[60], digno de lamentación, se manchó de sangre con las heridas de los latinos, 415y en el que vuelven las fiestas del séptimo día[61] poco aptas para el trabajo y observadas puntualmente por el sirio de Palestina.