Caballero
Caballero —Tienes que dejarlo, Caballero —dice el hombre, sin rodeos. —Ya me lo han dicho. Pero aún no me han dado una buena razón para hacerlo. —¿Quieres saber quién está detrás de todo esto? Sigue el dinero. Las constructoras, las subvenciones… Todo está conectado. Pero si sigues hurgando, te van a joder la vida.
Caballero anota mentalmente lo que dice el hombre. Pero antes de que pueda seguir preguntando, su contacto se levanta y se marcha. La paranoia en su rostro lo dice todo.
Al salir del bar, la noche en Alicante se siente más frÃa de lo habitual. Caballero enciende un cigarro y camina sin rumbo fijo, dándole vueltas a lo que acaba de escuchar. Se siente observado, y no es solo paranoia. Hay un coche negro estacionado al otro lado de la calle. Motor encendido. Cristales oscuros.
Decide hacer algo arriesgado. Camina directamente hacia el coche. Pero antes de que pueda llegar, el vehÃculo arranca con un rugido y desaparece en la oscuridad.
Caballero sabe que esto solo significa una cosa: está jodido.
Horas después, en su apartamento, intenta calmarse con otro whisky cuando suena su teléfono fijo. Una voz distorsionada, artificial, le habla con tono neutro:
