La aldea perdida
La aldea perdida 
El capitán
ON Félix Cantalicio RamÃrez del Valle descansaba en la fortaleza blindada que tenÃa por dormitorio pocos dÃas después del suceso que acabamos de narrar. HabÃan sonado ya las dos de la noche en el reloj con música del salón de arriba, se hallaba en la cama desde las once; y sin embargo sólo habÃa logrado echar un sueñecito de media hora. Le acaecÃa esto muchas veces. El capitán era hombre de poco dormir, al menos de noche. De dÃa solÃa echar siestas repentinas y fantásticas donde menos pudiera imaginarse, en el establo cuando iba á inspeccionar el ganado, en la iglesia oyendo misa, y hasta montado á caballo cuando recorrÃa los caminos pedregosos del concejo. Tal molesto trastorno en las horas del reposo le enfadaba mucho consigo mismo, pero infinitamente más con cualquiera que osase ponérselo de manifiesto. Aunque se le viese dormido por el dÃa no habÃa que hacer de ello mención. D. Félix tomaba cualquier advertencia acerca de este punto como un insulto.
