El Alférez real
El AlfĂ©rez real Montaba un potro rucio de gran talla y mucho brĂo, que caminaba con la buena voluntad con que andan las bestias cuando van para su dehesa. El jinete que le seguĂa era un sacerdote del convento de San Francisco, fundado en la ciudad hacĂa sĂłlo veinte años, y que estaba ya entonces en todo el apogeo de su esplendor y disciplina.
Frisaba el Padre en los cuarenta y era de semblante grave y mirada profunda; llevaba el håbito de su orden, que era de sayal gris; sobre el håbito, una ruana de lana, de anchas listas moradas y azules, fabricada en Pasto, y sombrero blanco grande de paja asegurado con barboquejo de cordón de seda negra; en un pañuelo, a la cabeza de la silla, llevaba envuelto el breviario. Iba caballero en una mula retinta de buen paso y al parecer muy mansa.
El Ășltimo de los tres jinetes era un joven como de veinticuatro años, de color mulato, esto es, entre blanco y negro, mĂĄs negro que blanco, pero las facciones mĂĄs de blanco que de negro. En sus ojos pardos, rasgados y vivos se revelaba la franqueza juntamente con el valor.
