Esperanza. La autobiografía
Esperanza. La autobiografía Finalmente, llegó el día en que se animó a hablarlo en casa. La abuela Rosa, que lo había intuido mucho antes que él mismo, simplemente asintió y dijo: —Si es lo que Dios quiere, adelante. Pero nunca olvides quién eres ni de dónde vienes.
El camino hacia el sacerdocio no fue una decisión repentina ni fácil. Fue un proceso de discernimiento, de lucha interior, de renuncias. Pero, sobre todo, fue un acto de entrega.
No era solo un cambio de rumbo, era aceptar que la vida no le pertenecía solo a él.
Desde ese momento, todo cobró otro sentido.
El servicio dentro de la Iglesia es un camino lleno de luces y sombras. Hay alegría en el llamado, pero también momentos de crisis. La estructura eclesial es un organismo vivo, pero como todo cuerpo, a veces sufre de rigidez, de heridas que tardan en sanar, de resistencias al cambio.
Desde los primeros años en el ministerio, quedó claro que la fe no podía ser una abstracción encerrada en rituales, sino un compromiso con los más necesitados. Pero ese enfoque no siempre fue bien recibido. En una reunión con otros sacerdotes, alguien dijo con tono crítico:
—La Iglesia no es una organización social. No podemos convertirnos en asistentes de los pobres.
