Esperanza. La autobiografía
Esperanza. La autobiografía Las fronteras no deberían ser barreras, sino puentes. Sin embargo, en muchas partes del mundo, quienes migran son tratados como extraños, como una carga, como una amenaza. Se les niega la dignidad, se les persigue, se les señala con el dedo. Pero detrás de cada migrante hay una historia, un rostro, un nombre.
Un día, en una visita a un centro de refugiados, un joven se acercó con la mirada llena de tristeza. —No queríamos irnos —dijo en voz baja—. Nos obligaron. Nos quemaron la casa, mataron a mi hermano. Si nos quedábamos, moríamos también.
En sus ojos había dolor, pero también había rabia. No contra nadie en particular, sino contra la injusticia del mundo.
El problema no es la migración, sino las causas que la provocan: la guerra, la pobreza, la persecución. Ninguna persona abandona su tierra por gusto. Se marchan porque no tienen opción.
—¿Por qué no nos quieren? —preguntó un niño que había cruzado el mar en una patera.
Esa pregunta no tenía respuesta fácil. Se construyen muros, se levantan alambradas, se patrullan fronteras como si los migrantes fueran criminales. Se les culpa de problemas que no causaron, se les convierte en chivos expiatorios.
