Esperanza. La autobiografía
Esperanza. La autobiografía En un encuentro con jóvenes, alguien preguntó sin rodeos: —¿Por qué la Iglesia habla tanto de sexualidad, pero tan poco de amor?
Era una pregunta que revelaba una herida profunda. La doctrina no puede ser solo un conjunto de normas frías. Debe ir acompañada de misericordia, de escucha, de comprensión.
La sociedad cambia, y la Iglesia no puede encerrarse en sí misma. Debe saber dialogar con el mundo, sin perder su esencia, pero también sin caer en la rigidez que impide el encuentro.
No se trata de ceder a las modas, sino de entender que detrás de cada debate hay personas reales, con historias, con dolores, con anhelos de ser comprendidas.
El papel de la mujer, la visión sobre la sexualidad, la manera en que se acoge a quienes se sienten alejados: todo esto es parte de un mismo desafío. No se trata de simples discusiones teológicas, sino de la vida misma.
Y si la Iglesia quiere seguir siendo un hogar para todos, debe estar dispuesta a abrir las puertas y escuchar.