Esperanza. La autobiografía
Esperanza. La autobiografía La Iglesia es un puente entre el pasado y el futuro. No puede perder sus raíces, pero tampoco puede quedarse inmóvil mientras el mundo avanza. Cada generación plantea nuevos desafíos, nuevas preguntas que exigen respuestas valientes, sin traicionar la esencia del Evangelio.
En una reunión con sacerdotes, uno de ellos preguntó con inquietud: —¿No corremos el riesgo de cambiar demasiado y perder nuestra identidad?
La respuesta fue clara: —El verdadero riesgo es no cambiar nada y volverse irrelevantes.
La Iglesia no debe ser un museo de tradiciones muertas, sino un organismo vivo, en movimiento, siempre en salida hacia los que más la necesitan. La fe no puede ser un refugio para la nostalgia, sino un impulso para la esperanza.
Los jóvenes se alejan, no porque rechacen a Dios, sino porque muchas veces no encuentran en la Iglesia un espacio donde puedan ser escuchados sin ser juzgados. Las familias buscan apoyo, no solo doctrinas. Los marginados esperan una mano que los levante, no solo discursos.
En una conversación con laicos comprometidos, alguien expresó con sinceridad: —Queremos una Iglesia que hable menos y escuche más. Que predique con el ejemplo, no solo con palabras.
