El pozo de la vida y otros cuentos tragicos
El pozo de la vida y otros cuentos tragicos Los que leen la historia conceden tal vez exclusiva importancia a los hechos de mayor relieve; los que viven esa misma historia, se preocupan más de lo pequeño y cotidiano, la subsistencia, el empleo de las horas del dÃa. Cuando Armando llegó a ParÃs, se arrastraba de cansancio y se morÃa de calor. Preguntando, se dirigió al domicilio de Duplay. Cruzó la puerta cochera, entró en el vasto patio, cuyo fondo ocupaban los talleres de ebanisterÃa, y se detuvo ante el edificio que sobre el patio avanzaba. Allà residÃa la familia, ocupando un piso bajo y un entresuelo. A derecha e izquierda del pabellón abrÃanse dos tiendecillas, una de restaurador, otra de joyero, y dos pacÃficos viejos, uno calvo, el otro de nevado cabello, se dedicaban a la menuda y afiligranada labor de su oficio. En el fondo del patio se divisaban un diminuto jardÃn, cuyas matas de rosales, geranios y mosquetas se metÃan por las ventanas del piso bajo. Una impresión de calma y bienestar se apoderó de Armando, embargándole. Una mujer de edad madura le abrió la puerta, y al oÃr que preguntaba por el dueño de la casa, le guio a un salón. Armando no se atrevió a entrar; puso un dedo sobre los labios y escuchó atentamente.