El pozo de la vida y otros cuentos tragicos
El pozo de la vida y otros cuentos tragicos Al punto de esta verdadera historia, andaba Laurencio, según murmuraban sus amigos, enredado en tres devaneos principales, sin contar los accesorios. Aunque practicase Laurencio esa discreción que el honor más elemental impone a los varones, en los pueblos pequeños todo se sabe, y a falta de otros intereses y emociones, la curiosidad vela. Sin que Laurencio se clarease, los socios del Casino estaban en ello. Tratábase de Cecilita, la hija de Mardura, el del almacén al por mayor de paños, lienzos y cotonÃas. De Obdulia Encina, mujer del librero de la calle Vieja. Y para broche del ramillete, de la guapetona Rosa la Gallinera, casada con un tratante en averÃo, Ulpiano Paredes, que empezó por despachar huevos y pollos y ahora lanzábase con brÃo a establecer negocios más en grande.
Era lo notable del asunto que entre Mardura, Paredes y Encinas existÃa Ãntima amistad, y se veÃan diariamente en la trastienda del librero. Y la consabida vocecilla pública susurraba que la hija de Mardura ya habÃa sido burlada, la mujer de Encina pertenecÃa quizá al pasado, y sólo Rosa no sufrÃa aún la fascinación. Pero la sufrirÃa, y pronto. No podÃa augurarse otra cosa de una casquivana como ella.