El pozo de la vida y otros cuentos tragicos
El pozo de la vida y otros cuentos tragicos DÃas hay en que todo cuentista, el más facundo y más fácil, agradecerÃa que le sugiriesen ese asunto nuevo y bonito. Las nueve décimas partes de las veces, o el asunto no vale un pitoche y pertenece a lo que el arte desdeña, o cae en nuestra fantasÃa sin abrir en ella surco. Tarfe me refirió, al salir de la Filarmónica y emprender un paseo a pie en dirección al Hipódromo, hacia la vivienda del doctor, cien bocetos de novela, quizá sugestivos, aunque no me lo pareciesen a mÃ. Una tarde muy larga, muy neblirrosada, de fin de primavera, me anunció algo «rarÃsimo». La expresión de cortés incredulidad de mi cara debió de picarle, porque exclamó, después de respirar gozosamente el aire embalsamado por la florescencia de las acacias:
—Estoy por no contárselo a usted.
InsistÃ, ya algo intrigado, y Tarfe, que rabiaba por colocar su historia, deteniéndose de trecho en trecho (costumbre de los que hablan apasionadamente), me enteró del caso.