El pozo de la vida y otros cuentos tragicos
El pozo de la vida y otros cuentos tragicos 
Arena
O le habÃa visto en un año, y me lo encontré de manos a boca al salir del café donde almuerzo cuando vengo a Madrid por pocos dÃas desde mi habitual residencia de El Pardo.
Apenas fijé en él los ojos, comprendà que algo grave le pasaba. Su mirar tenÃa un brillo exaltado, y una especie de ansia febril animaba su semblante, de ordinario grave y tranquilo.
—Tú estás enamorado, Braulio —le dije.
—Y tanto, que voy a casarme —respondió, con ese género de violencia que desplegamos al anunciar a los demás resoluciones que acaso no nos satisfacen a nosotros mismos.
Minutos después, sentados ambos ante la mesita, y empezando a despachar las apetitosas doradas criadillas, regadas con el zumo fresco y agrio del limón, entró en detalles: una muchacha encantadora, de la mejor familia, de un carácter delicioso…
—¿Sin defectos?
—¡Bah!… Un poco inconsistente en las impresiones… No toma en serio nada…
—¿Arenisca? —pregunté.
