El pozo de la vida y otros cuentos tragicos
El pozo de la vida y otros cuentos tragicos —¿Y a mà qué me cuentas? La huelga es un derecho, un derecho sagrado.
—¡Pero, señor, el niño! ¡Que está abierto, que está ahà como muerto! ¡Señor, por el alma de quien tenga en el otro mundo!
—¿Crees tú en el otro mundo? —preguntó muy formal el doctor—. ¿Crees en el alma? Mira, lo dudo, porque os tienen mareados y ya ni sabéis lo que creéis… En fin, yo me voy a dormir una siesta; estoy en huelga, como sabes…
Más blanco que la cera el padre; empezando a entender que aquello iba de veras, que su hijo se morÃa, abierto, despedazado, con el estertor que le causaba el anestésico —echándose de rodillas, gimiendo, imploró:
—¡Señor! ¡Que es mi hijo! ¡Que soy su padre, señor! ¡Su padre!
—¡Eso te vale, zángano! —murmuró el médico—; y, dando un empujón ligero al hombre para desviarlo, y encogiéndose de hombros, continuó y remató brillantemente la operación emprendida.