El pozo de la vida y otros cuentos tragicos
El pozo de la vida y otros cuentos tragicos Mientras paseaban arriba y abajo, soplando y manándoles de la nariz aguadilla, para no sentir tanto en los pies la humedad viscosa de las tablas, al través de cuyas junturas entreveÃan el agua negra y oÃan su quejido sordo, cambiaban impresiones sobre motivos de noticias recogidas aquà y acullá. Además de algunas chiquillas del coro, habÃa dos mujeres super: la primera actriz y la genérica o graciosa. Se comparaban los méritos de ambas: la primera vestÃa de un modo despampanante, al estilo parisiense genuino; tenÃa una pantalla espléndida, una exuberancia de formas… Pero, objetaban los partidarios de la genérica —a la cual no conocÃan sino por sus retratos—, estaba ajamonada, mientras la otra, la Gnoqui, la Ñoquita, era una especie de diablillo pequeño y vivaracho, sugestivo hasta lo increÃble, que bailaba como un trompo los eternos valses del repertorio nuevo. Y se entablaba una vez más la constante disputa, que entretenÃa muchas tardes y no pocas noches los ocios de la tertulia de la Pecera: cuales valen más, si las de libras o las menuditas y flacas.
Si recogiesen las disertaciones sobre este punto controvertible, llenarÃan varios abultados tomos.