El pozo de la vida y otros cuentos tragicos
El pozo de la vida y otros cuentos tragicos Verdad que el pozo se encontraba enclavado en lo que llaman un oasis; diez o doce palmeras, una reducida construcción de yeso y ladrillo destinada a bebedero de los camellos y albergue mezquino y transitorio para los peregrinos que se dirigÃan a la mezquita lejana; a esto se reducÃa el oasis solitario. Devorado por la calentura, que secaba la sangre en sus venas, el camellero, frugal y sobrio siempre, ahora apenas se acercaba al alimento, a las provisiones de harina y dátiles. Su sostén era el agua del pozo.
—No en balde se llama el Pozo de la Vida… Bebiendo sanaré.
Transcurrieron dos o tres dÃas. El abandonado no cesaba de sumergir el cuenco en el odre que al partir, con piadosa previsión, habÃan dejado lleno sus compañeros de caravana. Y pensaba para sÃ: «Mi mal me trastorna los sentidos. Esta agua, al pronto tan gustosa, ahora parece ha tenido en infusión coloquÃntida».
