Insolacion
Insolacion 
XVIII
ALVÓ la escalera como pájaro a quien abren el postigo de su penitenciarÃa, y con el mismo paso vivo, echó calle abajo hasta Recoletos. La cita era en aquel sitio señalado donde Pacheco habÃa tirado el puro: casi frente a la Cibeles. AsÃs avanzaba protegida por su antucá, pero bañada y animada por el sol, el sol instigador y cómplice de todo aquel enredo sin antecedentes, sin finalidad y sin excusa. La dama registró con los ojos las arboledas, los jardincillos, la entrada en la Carrera y las perspectivas del Museo, y no vio a nadie. ¿Se habrÃa cansado Diego de esperar? ¡Capaz serÃa…! De pronto a sus espaldas una voz cuchicheó afanosa:
—AllÃ… Entre aquellos árboles… El simón.
