Ifigenia
Ifigenia El mismo sábado a las doce de la noche
¡POR FIN! ¡Por fin! ¡Mis alas de volar ya me han crecido! ¡Me voy! Me voy, volando en ellas hacia ti, Amor, Sol de la vida! ¡me voy volando en ellas hacia ti!… ¡Ya voy! ¡ya voy! ¡espérame confiado, que ya voy!
SÃ; ya puedo irme tranquila, porque aquÃ, en la casa respetable de Abuelita, en la intimidad familiar de mi cuarto cerrado, junto al altar de mi ventana de par en par abierta, apoyados los codos en mi mesa, y apoyada la cabeza triunfante sobre los diez marfiles de mis dedos piadosamente enlazados, frente a la pompa del cielo presidido por la luna, mi regia madrina de bodas, bajo el incienso nupcial que litúrgicamente inciensan los naranjos con los mil incensarios cándidos de sus azahares, en la solemnidad de esta noche callada, y en presencia de la enjoyada muchedumbre de estrellas, he celebrado ya mis blancos desposorios. Ahora, como las vÃrgenes egipcias en el templo de Isis, yo también, en el templo de este silencio augusto, trémula de ansiedad, velaré toda la noche, esperando el glorioso amanecer de mañana que ha de ser el primer dÃa de mi fiesta de amor.
¡Por fin, por fin, mis alas de volar ya me crecieron!
