Ifigenia
Ifigenia La carta de Gabriel
«MARÍA EUGENIA de mi alma:
Ayer, después del fallecimiento de Pancho, en el comedor de su casa, con aquel telegrama maldito entre tus manos, me aseguraste que durante la noche hablarías conmigo. Has faltado a tu palabra, María Eugenia. Te escondiste de mí, me cerraste tu puerta, junto a ella me hiciste pasar sin compasión las horas más crueles de mi vida, y por fin, hoy en la mañana, te has aprovechado de mi ausencia, y dejándome burlado has querido alejarte para siempre de mí. Pero esta carta que es mi voz, cumpliendo mi palabra, te irá a buscar dondequiera que te escondas, y tú, en tu escondite, has de escucharla y atenderla, porque mi carta es el grito de la vida llamando a la vida, y siento que la esperas moribunda de ansiedad.
