Botones y encaje
Botones y encaje ―¿Qué tengo que hacer? ―preguntó, con la voz baja y rota.
El hombre enderezó la espalda y recogió las fotos, satisfecho.
―Lo sabrás cuando llegue el momento. Prepárate.
Cuando se fue, dejó el frasco de botones sobre la mesa como un trofeo burlón. Pearl se sentó frente a él, incapaz de apartar la mirada. Cada botón que entraría allí sería un pedazo de su alma.
En la calle, la nieve continuaba cayendo, pero el frío que ahora sentía no tenía nada que ver con el invierno.
El frasco de botones se convirtió en un recordatorio constante de su nueva realidad. Lo colocó en la estantería, pero su presencia parecía llenar todo el apartamento. Pearl no entendía completamente lo que había aceptado, pero la primera prueba llegó apenas una semana después.
Una nota la esperaba en el buzón: Medianoche. Edificio abandonado en la calle 14. No te retrases.
Su primer instinto fue ignorarlo, pero la imagen del hombre con la chaqueta de cuero y su amenaza rondaban en su mente. Ni tú ni Jacob vivirán para ver el próximo invierno. Sabía que no tenía elección.
