Amadeo I
Amadeo I Vuelvo un poquito atrás para referir que los cinco amigotes agrupados el 2 de Enero de 1871 para ver entrar a don Amadeo, formamos la misma piña el dÃa anterior, domingo 1 de Enero, en las rampas aún no concluidas del palacio de Buenavista, para ver salir y pasar tristemente el féretro de Prim. También aquel dÃa cubrÃan el suelo cuajarones de nieve. El sol se ocultaba entre nubes pardas, ceñudas. ¡Oh luctuoso dÃa, el más triste que yo habÃa visto desde que mis ojos pudieron observar la corriente de la Historia viva! Pasó el coche en que iba el General cuando le dispararon los tiros en la calle del Turco, rotos los vidrios, enlutados los faroles, enlutado el cochero; detrás la carroza fúnebre, lenta como el barquichuelo de Aqueronte. Vi a los que llevaban las cintas por el lado en que yo estaba: eran el General Contreras, don Manuel Silvela y don Vicente RodrÃguez. SeguÃa la cabecera del duelo: General Serrano, don Salustiano Olózaga, un obispo, don Nicolás Rivero, Moreno BenÃtez… Ulloa, Ruiz Zorrilla, que se habÃan adelantado al Rey para llegar al entierro del grande hombre, y detrás la revuelta turbamulta, diputados y polÃticos de todas marcas y abolengo. Recuerdo haber visto a Castelar, a Pi y Margall, a GarcÃa Ruiz, Sánchez Ruano, Becerra… Era un desfile de caras que constituÃan la iconografÃa polÃtica de aquel tiempo… figuras del montón complejo, algunas de las cuales entraron en la Historia, y otras se quedaron fuera mirando a una puerta que se llama del Olvido… En marcha se puso la tétrica procesión, Prado abajo, en dirección del santuario de Atocha. Lloraba el dÃa, lloraban los árboles desnudos, lloraba la muchedumbre negra, silenciosa, con el solo rumor de sus pisadas. Asà fue llevado al sepulcro el hombre que ejerció en España durante veintisiete meses una blanda dictadura, poniendo frenos a la revolución y creando una monarquÃa democrática como artificio de transición, o modus vivendi hasta que llegara la plenitud de los tiempos.