Amadeo I
Amadeo I Hombre de tal temple, enardecido desde sus años juveniles en la devoción de la Humanidad, de que se derivan las ansias de Libertad y Progreso, no podía vivir en aquel campo de fieras discordias: por un lado los enemigos de la Patria, por otro los que, llamándose hijos de ella, la deshonraban con sus violencias y crueldades; allí la soberanía del honor militar; aquí el imperio de las ideas… Imposible residir en Cuba sin tirar el uniforme o tirarse al mar…
¿Pero cómo volver a España? Amigos fieles facilitaron a don Nicolás la salida de aquel cráter: se solicitó del Capitán General licencia y pasaporte para la Península, y conseguido esto, ya sólo faltaba esperar la salida del primer vapor. Pero a Estévanez se le hacían siglos las semanas, los días… Ansioso de partir, como si en ello le fuera la vida, tomó pasaje en una goleta llamada Estrella, que salía para Nueva Orleans con cargamento de madera… El relato que me hizo el hombre de su viaje en aquel barcucho, ponía los pelos de punta. Fue un viaje de incidentes y trabajos que recordaban la primitiva navegación en los mares de América.