Amadeo I

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La felicitación y el abrazo de mi amigo el cura Choribiqueta fueron también muy expresivos, si bien con un poquito de reserva, que no pudo disimular. Le invité a no escatimar conmigo su confianza, y a mis razones contestó estas, que oí con el respeto debido a su grande autoridad: «Muy bien, querido Tito, soberbio. Ha estado usted imponderable en la dicción, sublime en la idea y plan del Gobierno de Cristo, por su Vicario el Papa. Es usted un orador que se deja en mantillas a los Manterolas de aquí y Castelares de allá. Conforme en todo, menos en una cosa; y pues usted me pide franqueza, allá va mi parecer sincero. Todo me ha parecido bien, menos la idea de meternos aquí todos los frailes de la Cristiandad. ¿Para qué queremos aquí tal aluvión y acarreo de regulares? Nosotros los seculares nos bastamos y nos sobramos para todo lo que haya que hacer. Sobre que son en su mayoría un hatajo de gandules que vienen aquí con hambre atrasada, y en poco tiempo consumirían todas las subsistencias de la Nación, querrían mangonear ellos solos y nos reducirían a una servidumbre vergonzosa. En la clerecía de aquí hay bastante personal para desempeñar cuantas funciones civiles, judiciales y aun militares se nos encomienden. De mí sé decir, sin jactancia, que me creo tan apto como el primero para ser, al par que un párroco modelo, un ejemplar alcalde. Sí, Tito, sí; yo gobernaría esta villa mejor que nadie. Bien apañado estaría el pueblo, y bien derechos andarían todos mis administrados, que al propio tiempo serían mis feligreses. ¡Ayuntamiento y parroquia en una pieza! ¡Qué gusto! Pues aún me sobraría tiempo para otro cargo, por ejemplo: maestro de escuela… A los chicos los despacharía yo en dos palotadas… Conque ya sabe usted lo que piensa un hombre que siempre dice la verdad. Recorte usted eso de la traída de frailes y monjas, y en lo demás conformes, y grandemente entusiasmado de su talento, de su oratoria, de su arranque… ¡Viva Dios Uno y Trino, y la Purísima Concepción, Madre del Verbo, inspiradora de toda elocuencia!».


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