Amadeo I
Amadeo I En tanto que esto ocurrÃa, el éxito y fama de mi discurso, Proclamación de la República Hispano-Pontificia, repercutÃan lejos o cerca de mà con diferentes efectos. Por una parte, mi padre recibÃa de Madrid la noticia de que la conferencia, reproducida por la prensa neocatólica, habÃa levantado polvareda de alegrÃa y entusiasmo. Gabino Tejado, Carulla, Carbonero y Sol y otras encumbradas figuras del ultramontanismo, me ponÃan sobre su cabeza. Se decÃa en Madrid que en la Curia Romana era ya conocido el discurso, y que el propio PontÃfice, oÃdo el dictamen de la Propaganda Fidæ, lo consideró como documento digno de ser comunicado a todo el mundo católico. Esto me aseguró mi buen padre, babeándose de emoción; más como no me mostrara las epÃstolas en que tan lisonjeras cosas se le comunicaban, pensé que algún ángel se lo habÃa contado en sueños.