Amadeo I
Amadeo I Ultimados mis quehaceres volví a casa, un poco tarde, en la noche del 18 de Julio, y marco esta fecha porque sobrevino de improviso un suceso histórico. Hallé a Obdulia nerviosa y asustada: «¡Gracias a Dios que llegas! —me dijo, saliendo a la escalera—. Entremos; vas a saber una cosa tremenda. No te asustes; no va con nosotros. Siéntate… Recordarás que pedimos al tabernero para esta noche un pote gallego, que a ti tanto te gusta. Queriendo yo aprender cómo hacen este guiso, bajé a la cocina y estuve un rato con la señá Sebastiana. Luego me fui al mostrador, con el señor Tomás. De allí a la trastienda. Oí palabras sueltas de los puntos que bebían y charlaban… Até mis cabos… Volví al mostrador; el señor Tomás y un hombre de mala facha, que llaman el tío Martín, secreteaban… Pesqué alguna frase que me abrió las entendederas… En fin, chico, te diré lo que he podido traslucir: Esta noche matarán a don Amadeo. ¿A qué hora? Cuando los Reyes vuelvan de los Jardines del Retiro a Palacio. ¿Sitio? La calle del Arenal. No te rías. Verás cómo resulta cierto. Otra cosa: el pote gallego se ha pegado, y en su lugar nos mandarán unas chuletas de vaca y patatas fritas. Andan abajo esta noche muy desconcertados. ¡Qué caras he visto en la trastienda! Para mí, son los mismos que mataron a Prim».