Amadeo I
Amadeo I En aquel amenísimo rincón de la Montaña hacía don Amadeo vida campestre, desplegando libremente sus aficiones democráticas. A distintas horas se le veía divagando en dirección de Cabo Menor o de La Magdalena, acompañado de Díaz Moreu y Dragonetti. Por las tardes, cuando la música tocaba en El Pañuelo (plazoleta triangular entre la Casa de Baños, las fondas y el palacete de Pombo), le veíamos en la turbamulta de paseantes, ojeando a las señoritas guapas y charlando jovialmente con sus amigos… De la llaneza democrática del Rey oímos contar innumerables casos. Alguien le había visto llegar de noche, solo, a su vivienda y llamar a la puerta tirando de aldabón, como cualquier vecino trasnochador… Otros le sorprendieron en el interior de su palacio inspeccionando las obras de decorado. Viendo a un obrero que clavaba una guarda-malleta, subido en débil escalera, puso en esta el Rey su mano y dijo: «Cuidado con caerse, amigo. Siga usted clavando; yo mantengo».