Amadeo I
Amadeo I Como teníamos jarana para toda la noche, me fui a cenar con Ramón Cala y don Santos la Hoz a la taberna de la calle del Turco, donde es fama que se dieron cita los matadores de Prim. Volvimos al instante al Congreso, que estaba en sesión permanente. En las inmediaciones del edificio, por Floridablanca y Carrera de San Jerónimo, había gentío expectante. Relajada la disciplina de ujieres y porteros, entraban, salían y andaban por aquella casa los ciudadanos, en revuelta familiaridad con diputados y senadores. Corrían de grupo en grupo noticias estupendas. En uno se aseguraba que ya no había nada de lo dicho, que el Rey se quedaba entre nosotros, ganoso de nuestra felicidad; en otro decían que los constitucionales procuraban entenderse con el Gobierno para buscar la consabida y tan acreditada fórmula de concordia, que permitiera seguir turnando mansamente en los pesebres del presupuesto; más allá oímos que Serrano enviaba un recadito al General Moriones para que acudiese a Madrid con algunas fuerzas.