Amadeo I
Amadeo I Mi primer pensamiento al verme colocado fue ocultar mi felicidad a Mateo Nuevo, a Santamaría y demás amigos políticos. Luego lo pensé mejor y abominé del tapujo, que, además de ser inútil, me habría colocado en el listín de traidores o siquiera sospechosos. Franqueado con mis amigos, que conocían la distancia que la Fatalidad había puesto entre mi boca y el pan, alentáronme a envainar mi dignidad, previa declaración de que sería más federal hoy que ayer, y mañana más que hoy… El mundo marchaba y yo con él derechamente a mi bienestar, porque para colmo de ventura, me dijo Llano y Persi que yo no tenía que ir a la oficina más que a cobrar, el primero de cada mes.