Amadeo I
Amadeo I Y en el mismo instante se destacó del grupo principal de la tertulia un señor inflado, calvo y herpético que me llevó aparte para reanudar conmigo una conversación entablada la noche anterior. Aquel sujeto llevaba frac, no por llevarlo allí, sino porque de allí se iba al Teatro Real. «En El Debate está usted muy bien —me dijo—. José Luis es listo, bien relacionado, y sabe mirar por los que le sirven, y abrirles camino para las buenas posiciones políticas. Un sueldecito regular no le faltará a usted… El periódico está bien hecho: me gusta mucho… Y vivirá: su vida está asegurada para largo tiempo. Hay dinero, amigo, hay dinero a granel. ¿Sabe usted de dónde vienen los monises?… Pues vienen de Cuba… ¿Por qué abre tanto esa boca? De Cuba, sí, señor. ¿Pero usted cree que hay en España dinero que no venga de la perla de las Antillas?… ¿Qué… lo niega usted?».
—No señor, no niego ni afirmo nada: oigo.