Amadeo I
Amadeo I Un poquito atrás, caballeros. Se me olvidó decir que en los tenebrosos y amargos días de mi enfermedad fue la apertura de Cortes, y en el acto solemne leyó don Amadeo el acostumbrado discurso, como todos los del ritual, enfático y pedantesco, henchido de vanas promesas y preñado de hiperbólicas esperanzas. En boca del Rey puso el Gobierno parrafillos en que este pudo vanagloriarse con sincera bravura de su liberalismo, como de su respeto a la voluntad de la Nación. Con entusiasmo loco recibió el anfiteatro estas lindas canciones, que trascendieron pronto a las calles y el corazón de los adictos… Presidente de las Cortes fue Olózaga por votación no muy nutrida. Ciento diez papeletas le colaron en las urnas. La oposición era tremenda; entre federales, carlistas, moderados netos, alfonsinos de solemnidad o vergonzantes, formaban una falange de complejos rencores que iban a una contra el Gobierno, el Rey y el Verbo divino.