Amadeo I
Amadeo I En largos y calurosos días esperé, mirando a la esfinge del Mañana. Por pasar el rato escribía gratis en La Igualdad y en La Ilustración Republicana Federal. Tenía esta su redacción en la Plaza de la Cebada, 11, y la dirigía Rodríguez Solís. En la lista de los colaboradores figuraba todo el santoral republicano, con los pontífices a la cabeza; pero los más constantes eran Roque Barcia, Roberto Robert, Ramón Cala y otros de vago y hoy olvidado nombre. Tanto como me encantaban Robert y su acerada sátira, me entristecía don Roque con su literatura bíblica y orientalesca en rengloncitos de este jaez: «Avanza, hombre loco, y dime: ¿cuál es tu sino?…»; y el hombre loco y pálido responde: «Mi sino es llorar hoy el Pasado, que no quiere volver y vuelve. —Retírate, Pasado, y no olvides llevarte tu manto de tinieblas. —Adiós, hijos del día; la luz en que vivía me daña. Adiós». ¡Y había lectores, entre ellos mi portera, que se deleitaban con estas cosas!